¿Influye la flora intestinal en el comportamiento y las emociones

¿Influye la flora intestinal en el comportamiento y las emociones?

Hola y mil gracias por leerme. Yo soy Emilia y en esta ocasión hablaremos de ¿Influye la flora intestinal en el comportamiento y las emociones?

Miles de millones de bacterias de diferentes familias pueblan nuestros intestinos con la misión de hacer que nuestro cuerpo funcione de manera óptima. Si nuestro flora intestinal es insuficiente o no es de buena calidad, debido a hábitos de vida poco saludables, puede provocar enfermedades como alergias, diarreas o cáncer de colon, entre muchas otras.

Una dieta a base de probióticos (yogur y otras leches fermentadas) y fibra (cereales, legumbres, frutas …) es fundamental para mantener el equilibrio de la macrobiota, pero también es necesario prescindir de antibióticos, laxantes, toxinas como tabaco o estilo de vida sedentario.

Y no solo para evitar daños físicos. Ahora la ciencia investiga si la calidad de la flora intestinal también afecta a la nuestra. comportamiento o si es nuestro conducta es nuestro emociones también tienen un efecto directo sobre el estado de las bacterias en el intestino.

«Todo está conectado, es un círculo», explica la Dra. Margarida Mas, autora del libro «Las maravillas de la flora» (Editorial Amat). Cuando la flora se regula gracias a la acción de los probióticos y prebióticos (compuestos presentes en la dieta que estimulan el crecimiento o la actividad de las bacterias) “parece, según algunos estudios, que prevalece el bienestar psicológico”.

Esta satisfacción es difícil de medir en las personas porque es muy subjetiva y correlacionada con otros factores, pero ha quedado clara en modelos animales. Una rata de laboratorio nacida a propósito sin flora intestinal tiene comportamientos radicalmente diferentes, incluso con rasgos autistas, de otras que la tienen. «Tienen problemas para socializar», dice el Dr. Mas, comunicador de salud y consultor de comunicaciones.

Conexión intestino-cerebro

Si los ratones sin flora son menos sociables que otros es algo que la ciencia aún tiene que confirmar con más estudios. Pero lo que sí se confirma es la estrecha relación entre el cerebro y el sistema digestivo. ¿Quién no se ha sentido mal ante una situación de nerviosismo como un examen o una entrevista de trabajo? ¿Quién no ha tenido el estómago cerrado antes de la sensación de estar enamorado?

Es una comunicación bidireccional que conecta el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) con el sistema nervioso entérico o digestivo-intestinal. Por tanto, reaccionamos ante estímulos como el hambre, el estrés o las emociones.

Las investigaciones ahora tienen como objetivo verificar que este eje cerebro-intestino se extiende a un tercero: la flora, lo que demostraría el poder que tienen las microbacterias en nuestro cerebro y comportamiento.

“La relación entre el cerebro, la flora y las emociones está poco estudiada. Hay estudios preliminares. Saber exactamente cómo puede afectar clínicamente es difícil de definir ”, dice el especialista.

Tarros de yogur con diferentes cereales y una hogaza.  Efesalud.com

Se ha demostrado que las bacterias de tipo Lactobacillus y Bifidobacterium producen ácido gamma-aminobutírico, un neurotransmisor en el cerebro responsable de regular muchos procesos psicológicos y cuya disfunción está relacionada con la ansiedad y la depresión.

Otro hallazgo, por ejemplo, se relaciona con la serotonina o una sustancia con gran influencia en los circuitos cerebrales involucrados en la regulación del estado de ánimo, que se encuentra en altas cantidades en el intestino, según señala Margarida Mas en su libro.

El psicobiótico

Los probióticos o alimentos ricos en bacterias saludables, como el yogur y otras leches fermentadas, también pueden tener una influencia positiva en nuestro comportamiento. En un estudio, citado en «Las maravillas de la flora», se combinaron dos probióticos (lactobacillus y bifidobacterium) para ver sus efectos primero en animales y luego en humanos.

El resultado fue que en los animales se redujo el comportamiento ansioso, mientras que en las personas se mejoraron las sensaciones psicológicas, además de reducir el cortisol en sangre, una de las hormonas que interviene en el estrés.

Es por ello que algunos expertos ya hablan del término «psicobiótico» como un cruce entre un psicotrópico y un probiótico dada la influencia que éste tiene no solo sobre el colon, sino sobre determinadas sustancias que actúan sobre el cerebro.

«Son datos muy preliminares y es difícil sacar grandes conclusiones», advierte Margarida Mas. Hay estudios que apuntan a la idea de utilizar probióticos de laboratorio «como tratamiento complementario a los medicamentos que tratan la ansiedad o los trastornos depresivos, ya que podrían ayudar a que el efecto sea mayor. Pero esto aún es bastante preliminar».

La revista Gastroentorology publicó hace unos meses un estudio realizado en mujeres sanas, sin trastornos psicológicos ni intestinales, que buscaba evaluar el impacto del consumo de probióticos en el cerebro. Estas mujeres bebieron leche fermentada con bifidobacterias durante semanas y se observó mediante una resonancia magnética que se producían cambios en la actividad cerebral en aquellas regiones que modulan emociones y sensaciones.

La comida y las emociones también van de la mano. Comer bien, de forma agradable, nos da sensación de bienestar, «pero si comemos mucho o alimentos poco saludables podemos sentirnos ansiosos, molestos», explica Margarida Mas. Además, el estado de ánimo también puede orientar nuestro apetito y hacernos elegir entre un alimento y otro.

“No es solo el acto de comer, solo ver un alimento que consideramos poco saludable produce malos sentimientos, culpa o ansiedad. Es difícil establecer el mecanismo de todo esto, pero hemos visto que hay muchas relaciones relacionadas con el eje flora intestinal-cerebro ”, dice el experto.

La conexión entre la flora intestinal y el cerebro, hasta el punto de influir en las conductas y emociones, es algo que todavía tiene un largo recorrido en la investigación, aunque ya existen estudios que evidencian que un desequilibrio en las bacterias del intestino afecta, por ejemplo, en la respuesta ante el estrés

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