Obesidad menor percepcion de sabores mayor necesidad de comer

Obesidad: menor percepción de sabores, mayor necesidad de comer

Hola, un placer verte por aquí. Soy Toñi y en esta ocasión te hablaré de Obesidad: menor percepción de sabores, mayor necesidad de comer

Los resultados preliminares de un estudio realizado por la Dra. Dolores Corella, investigadora del Centro de Investigación Biomédica Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos III y Catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de Valencia.

Una línea de investigación que podría mostrar que existe una relación entre la percepción del gusto, el sobrepeso y los grados de obesidad establecidos por el Índice de Masa Corporal (IMC). Cuanto mayor sea la obesidad, menor será la detección del sabor.

“Podría abrir una nueva forma de intentar combatir la obesidad a través de dietas que también busquen el sabor de los alimentos, para que la persona obesa pueda apreciar más los sabores y activar los mecanismos cerebrales relacionados con la saciedad y evitar que continúe comiendo”, explica el médico de EFEsalud.

Cuando comemos algo, su sabor afecta primero a las papilas gustativas y produce una reacción que viaja inmediatamente, a través de las neuronas, al cerebro, que es percibida como aceptable o rechazada por el cerebro.

Los estudios sobre estos circuitos cerebrales han encontrado que cuando se consume un alimento sabroso y se produce una sensación placentera, se logra la saciedad, completando el circuito de recompensa y así dejar de ingerir alimentos al limitar la cantidad de calorías ingeridas.

Un estudio publicado en marzo pasado en la revista científica Plos Biology va un paso más allá: las ratas obesas tienen menos papilas gustativas, perciben menos gusto y carecen de esa sensación cerebral de recompensa, de saciedad, por lo que siguen comiendo.

Pero también vieron que los mecanismos que contribuían a la destrucción de estas papilas gustativas se debían a marcadores de inflamación.

En la obesidad, algunos marcadores de inflamación están elevados, pero si también existen otros factores de riesgo cardiovascular, los marcadores circulantes de inflamación son aún mayores, pudiendo destruir más papilas y produciendo menos capacidad para detectar la gusto.

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La investigación realizada por el equipo de la Dra. Dolores Corella intenta demostrar la relación entre la apreciación del gusto y la obesidad en los seres humanos.

Y para ello utilizaron una escala de percepción de los cinco sabores (dulce, salado, amargo, ácido y umami o sabroso) en su conjunto, no por separado.

Y los primeros resultados muestran que las personas no obesas perciben el gusto más que las personas obesas. Además, en el grupo de obesos, aquellos con obesidad moderada (entre 30-35 en el IMC) disfrutaron el sabor más que los obesos con un mayor grado de enfermedad (más de 35 en el IMC).

El sabor de la dieta mediterránea

Por tanto, si a la persona obesa se le asigna una dieta rica, además de baja en calorías, su mecanismo de saciedad se activará mejor y ayudará a facilitar la pérdida de peso.

A la hora de establecer dietas, no solo deben tener en cuenta su ingesta calórica y macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas) y micronutrientes (vitaminas y minerales), sino que también debes darle importancia a la alimentación ya que puedes saber qué alimentos tienen más o menos componentes responsables del sabor, así como el uso de especias que los potencian.

“Ahora tendemos a dietas que, además de saludables, den placer y satisfacción. La gastronomía está por tanto cada vez más implicada”, subraya la experta en nutrición.

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Y la dieta mediterránea se considera sana y sabrosa. Además de los múltiples alimentos que dan sabor, como tomates o setas, el aceite de oliva virgen extra, por su contenido en polifenoles, aporta un característico sabor ligeramente amargo que potencia la cocción y condimento de verduras, pescados y carnes blancas, garantizando una mayor palatabilidad. .

También proporciona antioxidantes que no están presentes en otros aceites refinados.

Los sabores y los genes

Cuando el equipo de investigación del Dr. Corella comenzó a estudiar el sabor hace diez años, ya sabían que se estaba llevando a cabo un proceso largo y complicado.

El punto de partida fue sencillo. ¿Qué lleva a una persona a consumir un alimento u otro? Gusto. Esta fue la respuesta más repetida, antes de la salud del producto.

Y existe una gran variabilidad genética en los seres humanos que podría determinar el gusto.

Por ejemplo, ante una sustancia estándar con cierta concentración de sal, hay personas que la notan excesivamente salada y otras que apenas la notan y estas últimas son las que suelen añadir más sal a sus comidas.

“Una cosa importante a la hora de controlar la sal en la dieta de las personas hipertensas sería saber qué umbral de percepción del gusto tiene cada persona”, dice el especialista en nutrigenética.

Pero lo mismo ocurre con el resto de sabores. Este es un ejemplo de una prueba de sabor dulce realizada en una muestra de la población general a la que se le dio la misma cantidad de sacarosa y expresó su percepción del sabor en una escala de 0 a 5.

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Una disparidad de percepciones para el mismo sabor. Algo que podría explicar la carga genética. Por tanto, no es de extrañar que prefiramos la comida casera, de nuestras madres: «Porque compartimos genes y por tanto compartimos la misma percepción de sabores», añade Corella.

Por esta razón, el equipo de investigación tiene como objetivo «realizar un estudio exhaustivo de asociación genómica para descubrir los genes que pueden regular esta apreciación del gusto, ya que la genética del gusto aún se conoce poco».

“Los genes más conocidos son los implicados en la percepción del sabor amargo, las personas que tienen determinadas mutaciones en el gen TAS2R38 son incapaces de percibir el sabor amargo”, explica Dolores Corella.

Por tanto, conocer los genes que determinan el gusto y diseñar dietas más sabrosas y personalizadas, así como otras más saludables, que prevengan la obesidad, son algunos de los retos de la investigación y la nutrición. “Tenemos que seguir investigando el sabor porque nos dará las claves de muchas cosas”, dice el médico.

Percibir menos los sabores, algo que podría determinar la genética, puede estar relacionado con la obesidad ya que se produce una mayor necesidad de comer para llegar a la saciedad

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