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¿Porque tengo hambre?

Hola otra vez. Soy Ana y esta vez te hablaré de ¿Porque tengo hambre?

sin embargo, el obesidad no es el resultado de una sola causa. Son múltiples los factores que influyen en esta enfermedad: genéticos, ambientales, emocionales, biológicos … Lo que está claro es que el archivo apetito o hambre No es solo una cuestión de fuerza de voluntad o un simple sentimiento que proviene de tener el estómago lleno o vacío.

“Existe una intercomunicación directa entre la grasa y el cerebro. El tejido adiposo, que antes pensábamos que era poco activo, ahora sabemos que libera muchas hormonas, como la leptina, que en teoría es la hormona de saciedad“Explica la Dra. Pilar Riobó, jefa del servicio de endocrinología de la Fundación Jiménez Díaz en Madrid.

A medida que aumenta la grasa corporal, se libera leptina al torrente sanguíneo, una especie de alarma que llega al cerebro e indica que el cuerpo ya tiene reservas y se reduce el apetito. Por el contrario, cuando el nivel de grasa disminuye, llega menos leptina al cerebro y aumenta el hambre.

«Los niveles de leptina en el cuerpo están relacionados con la masa corporal», dice el endocrino.

Las personas obesas, explica, tienen niveles elevados de leptina, lo que pasa es que muestran una falta de sensibilidad a esta hormona en los centros nerviosos.

Sin embargo, hay un pequeño porcentaje de personas obesas que genéticamente muestran una deficiencia de leptina y cuando se les administran dosis más altas de esta hormona pueden perder peso. «Pero hay muy pocas familias con esta deficiencia genética», dice el médico.

Otras hormonas

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No es solo la leptina lo que afecta la necesidad de comer. Otras hormonas también forman parte de este mecanismo de equilibrio. Por tanto, la grelina es la hormona que segrega el estómago cuando está vacío y que envía la orden al cerebro de que sentimos la necesidad de ingerir alimentos. Los niveles de grelina aumentan antes de las comidas y disminuyen después de comer.

La hormona colecistoquinina también tiene mucho que ver con esto. Es secretado por el intestino delgado cuando llega la comida desde el estómago y es lo que da la señal para dejar de comer.

«Cuando comemos, aumenta la colecistoquinina, lo que estimula la contracción de la vesícula biliar que libera bilis y produce una sensación de saciedad», dice el Dr. Riobó.

También afecta al cuerpo o al cuerpo estriado (área del cerebro que controla la ingesta de alimentos). Por ejemplo, las personas que comen incontrolablemente pueden tener señales deficientes, necesitan comer más para mantener una función adecuada.

Factores externos

El mecanismo biológico que regula la saciedad y el apetito puede verse influenciado por múltiples factores.

Uno de ellos son las horas de sueño. Si una persona no obesa reduce su tiempo de descanso nocturno, puede alterar su equilibrio hormonal aumentando la grelina y disminuyendo la leptina.

El número de horas de luz artificial, la acción térmica de los calentadores que reducen la activación del tejido adiposo o de algunos fármacos como los anticonceptivos y, sobre todo, los antidepresivos y ansiolíticos que favorecen un aumento de la ingesta, también inciden en el número de horas de luz artificial.

“El uso de antidepresivos en nuestra sociedad es muy alto, vivimos bajo estrés. Somos una sociedad infeliz, muchos usan la comida como ansiolítico ”, subraya el endocrino.

Y los hábitos de vida

Los estudios han demostrado que cuanto mayor es el número de horas frente al televisor, mayor es la tasa de obesidad en la población. Y especialmente en los niños que abandonan los juegos mientras viajan en la televisión o en la computadora. “Incluso se ha llegado a la conclusión de que cuando el número de horas frente al televisor se reduce a la mitad, el peso corporal disminuye”, dice Pilar Riobó.

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El estigma del sedentarismo en una sociedad que pasa horas en una silla en horario laboral, que camina poco, que tiene una gran influencia de la publicidad donde abundan los mensajes para consumir más calorías que los alimentos saludables y que Los avances tecnológicos te permiten tener todo al alcance de tu smartphone, sin moverte.

“Es un ambiente obesogénico y sedentario, no hay ningún alimento al que podamos culpar directamente de la obesidad”, dice Riobó.

Para el médico, el campo científico de la obesidad y los mecanismos del hambre aún tiene un largo camino por recorrer. “Hay que seguir buscando, no existen soluciones fáciles y sencillas. No existe una sola obesidad, existen múltiples por múltiples causas que requerirían tratamientos personalizados. No hay un tratamiento único, no hay una dieta única «.

El endocrino de la Fundación Jiménez Díaz cree positivo que existiera una clasificación de la obesidad basada en mecanismos fisiopatológicos para que el tratamiento sea diferente entre sí. «Puede que haya personas que no respondan a la dieta, sino al ejercicio o la medicación, por ejemplo», concluye.

Regular el apetito y la saciedad depende de un sofisticado mecanismo que conecta el cerebro con el aparato digestivo y la grasa corporal y en el que influye el equilibrio de un conjunto de hormonas, como la leptina. El desajuste de este termostato biológico está detrás de la obesidad.

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